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La importancia del contexto

Algo que empecé a percibir con mayor claridad en 2012 es la importancia que tiene el contexto en las diversas cosas que hacemos. Esto ya era claro en lo referente a la aplicación de diversas ideas relacionadas con la educación y la tecnología: el contexto importa porque las ideas y prácticas que surgen en un determinado contexto social, político, económico y cultural pueden no aplicar a un contexto con unas condiciones diferentes.

Esta es una afirmación que puede resultar obvia, pero que con frecuencia pasa desapercibida. Un ejemplo de esto es la forma en la cual algunos investigadores y comentaristas toman/tomamos como referencia para nuestros entornos específicos los muy diversos reportes generados en Norte América y Europa (otras realidades) sobre cualquier cantidad de temas (los usos de Internet por parte de los jóvenes, el estado de los e-books, el efecto de los medios en los niveles de atención, etc.). Este efecto es amplificado con la disponibilidad de herramientas que facilitan un acceso inmediato a la información.

El asunto con esto es que, al ignorar la importancia del contexto, más de uno termina metido en caminos de investigación y desarrollo (o al menos, de indagación) que no llevan a ninguna parte. Aquí hay multitud de ejemplos. Tome los investigadores en televisión interactiva que trabajaron sobre protocolos diferentes al elegido en Colombia, o el llamado ‘proyecto inteligente’ que iba a generar una amplia capacidad de desarrollo de software entre amas de casa y taxistas (entre otros públicos), o algunos proyectos multilaterales (como era el caso de Rived por allá a inicio del siglo) que, estando diseñados para otras realidades, trataron de implementarse en la región (a veces a las malas y, en general, con poco éxito). Ocurre en todas partes. Ocurre una y otra vez.

Pero no se trata sólo de caminos sin salida. También se encuentra en procesos de planeación a todo nivel (de aula, de gobierno), algo a lo cual me he referido en otras ocasiones. Ignorar la importancia del contexto lleva a planear programas y proyectos enteros que, desde su concepción, tienen dificultades. Cuando usted planea una política nacional con base en documentos que reflejan la situación de amplios sectores del primer mundo e intenta aplicarla a un sector de la población de un país que no cuenta con estas condiciones, de antemano va a exponer a frustraciones a todos los involucrados.

Lo bueno es que estas historias suelen tener un final feliz. En muchos casos, es justo decir que los involucrados perciben la discrepancia e intentan hacer algo al respecto. En otros, simplemente ponen el fracasado proyecto en su hoja de vida y continúan su vida laboral sin problema. Ahora, el final no es tan feliz cuando se piensa en los recursos (frecuentemente públicos) invertidos y en el desperdicio de tiempo y esfuerzo. Esa es la parte que suele pasar con ‘bajo perfil’. Ocurre en todas partes. Ocurre una y otra vez.

Pero además de esto, hay un aspecto adicional del contexto que, como decía al inicio, se hizo más claro para mi en este año. El contexto no sólo define posibilidades de aplicación de ideas, sino que marca la forma en la que aparecen. Esto, que visto en retrospectiva también es obvio, pasó desapercibido para mi durante mucho tiempo.

Una de las cosas que me llevó en 2006 a iniciar la traducción del artículo de George Siemens sobre conectivismo era que, tal como yo lo veía en ese momento, estaba en curso una discusión respecto a una posible nueva teoría de aprendizaje, con lo que tenía sentido llevar esa conversación a un público más amplio. Lo interesante del asunto, para mi, era la posibilidad de observar en vivo y en directo cómo se construía una teoría de aprendizaje, cuáles eran los procesos de discusión y verificación asociados y, por supuesto, cómo aplicaban a mi contexto local. No obstante, como el tiempo lo ha mostrado, el ejercicio terminó siendo más un ejemplo de cómo fluye, no fluye y se distorsiona la información de manera progresiva. Pero esa es otra historia.

Lo importante es que en 2006 yo percibía a las ideas como entes independientes de quienes las proponían, por lo que en ese entonces me enfoqué solamente en ellas. Pero con el paso del tiempo, y luego de conocer un poco más a algunas de las personas involucradas en la exploración de muchas de esas ideas, empecé a notar que en ellas había una influencia muy fuerte -a veces explícita, a veces no, a veces ignorada- de los rasgos de personalidad de cada uno de ellos y de sus condiciones contextuales específicas. Y que lo mismo ocurre (sin que seamos conscientes de ello) con muchas de las ideas de las que hacemos uso día tras día.

Algunos ejemplos:

  • Influencia explícita del contexto: Thorndike y, más adelante, Gagné, desarrollaron sus ideas en un contexto militar, en entrenamiento para miembros de fuerzas armadas, buscando desarrollar los fines de esos estamentos.
  • Influencia no explícita (esto es, no necesariamente documentada): el efecto que pudo tener el contexto político en el que vivió Vygostsky en el desarrollo de sus ideas (tomando en cuenta, por ejemplo, su participación en el gobierno bolchevique de la ciudad de Gomel).
  • Influencia ignorada (ignorada no sólo en el sentido de no documentada, sino de invisible incluso para el mismo autor): el papel que el contexto familiar de Thorndike, Gagné o Vygostky tuvo en su trabajo.

Esto último resultó bastante claro en una interesante conferencia a la que asistí el año pasado en Rio de Janeiro, por parte de una estadounidense del área junguiana que hablaba acerca de la forma en la que el contexto familiar, en especial la relación con sus respectivos padres, incidió (e incide) en la vida pública de Martin Luther King y Barack Obama. Esta perspectiva abrió para mi un campo de preguntas relacionado con la forma en la que condiciones familiares (que definen rasgos de personalidad) inciden también en la vida profesional de figuras históricas. De toda persona, en realidad.

El asunto se pone aún más enredado cuando nuevas interpretaciones históricas llevan a nuevas conclusiones sobre personajes de todo tipo. Por ejemplo, lo que se aprende en una maestría de historia acerca de lo que fue la campaña libertadora es mucho menos épico y mucho más perturbador de lo que yo aprendí en el colegio en su momento. Las motivaciones son mucho más complejas y menos ‘nobles’, y muchos de nuestros próceres parecen haber sido verdaderos pioneros del horror que los grupos paramilitares traerían casi dos siglos después. No sólo la historia no es como la pintan, sino que en muchos casos no contamos con suficiente información para comprenderla (si es que en algún caso podemos hacerlo).

Percibir esto hace que aparezca una capa adicional de preguntas que uno tendría que hacer al acercarse a ciertas ideas: ¿de qué contexto político provienen los proponentes de esas ideas? ¿cómo fue/es su vida familiar? ¿representan algún tipo de orientación religiosa / ética específica? ¿en qué tipo de sociedad ‘creen’? Por supuesto, es una enorme dificultad responder preguntas como estas. Puede ser prácticamente imposible en la mayoría de los casos.

Por eso ha sido tan interesante para mi el contacto que he tenido con algunas de las personas que están detrás de las ideas con las que trabajo. Ese contacto me permite ver que, por ejemplo, algo como ds106 (con su énfasis en la experimentación narrativa) sólo podría surgir de alguien como Jim Groom, con su contexto de películas B y de zombies. Ni Siemens ni Downes habrían generado algo así. De igual manera, el énfasis de Stephen en los procesos de aprendizaje individual tiene total relación con la independencia que lo caracteriza a nivel personal. Y estas son apenas percepciones a partir de fragmentos de sus vidas.

Claramente, hay mucha más información sobre la cual sólo es posible especular. Por ejemplo, David Wiley es mormón. ¿Cómo incide la visión del mundo promovida por los mormones en sus posiciones profesionales? ¿Incide? Ni idea. Nótese que aquí no hay ningún juicio de valor, sino simplemente una pregunta que queda abierta. Podría no haber incidencia alguna (o tal vez sí).

Uno podría aventurar que sí existe una incidencia, pues las ideas siempre se generan en un contexto. Cada uno de nosotros puede establecer nuevas conexiones (que interpretamos como ideas) gracias a los patrones previos que hemos consolidado. Y esos patrones son producto (por decirlo de alguna forma) de todo lo que hemos vivido, de todo lo que hemos experimentado, del entorno en el que hemos crecido, de las formas en las cuales fuimos educados, etc. Como sabemos, el lenguaje marca la visión del mundo. Así como la pertenencia a grupos específicos, para seguir con el ejemplo anterior. No es un asunto de sectarismo, pero sí es claro que la ética protestante es diferente de la ética judía, que los católicos y los mormones tienen perspectivas diferentes y que, para completar, una vida relativamente acomodada conduce a una perspectiva muy distinta de la que genera una vida más limitada.

Un peligro adicional con esto último es que resulta casi inevitable que quien está en una posición ‘acomodada’ suponga que eso es lo que todo el mundo debería ‘disfrutar’. De aquí es de donde vienen, justamente, la mayoría de discursos de brecha digital. Y no se trata de decir que la equidad no es importante, sino de señalar que lo que percibimos como brechas a veces corresponde a necesidades creadas que simplemente acentúan las profundas desigualdades que nuestro sistema económico genera.

El problema es que esto pasa desapercibido (para variar), y entonces naciones enteras terminan tratando de resolver ‘brechas’ a punta de máquinas, y más de un/una dirigente (o empleado público) presume que lo que la gente necesita es ser más parecido a él/ella: ¿cómo puede ser que la gente no tenga blackberry (o el gadget de su preferencia)? ¿cómo puede ser que la gente no tenga un posgrado (ojalá en el exterior)? ¿cómo puede ser que la gente no tenga un alto nivel de consumo? Las respuestas a estas preguntas que casi nunca nos hacemos están por todas partes: ¡Necesitamos ser más competitivos! ¡Necesitamos más doctores! ¡Lo que hay que hacer es darle computadores a todo el mundo! ¡Necesitamos más deuda…!

Y así, el futuro de sociedades enteras termina determinado por el contexto, carencias y necesidades vitales de unos pocos, que creen que los demás deberían parecerse a ellos. Hace unos días pude ver un ejemplo muy inquietante de esto en el documental La doctrina del shock, que a partir del trabajo de Naomi Klein narra el devenir de las ideas económicas de la escuela de Chicago (con Milton Friedman a la cabeza) y de algunos de sus efectos a nivel global. Las ideas pueden, efectivamente, cambiar el mundo. De maneras inesperadas.

Pero el asunto no tiene que ser tan espeluznante. Piense simplemente en que personas del primer mundo con gran presencia en línea con frecuencia provienen de contextos con condiciones de vida mucho mejores que las de la mayor parte de la población latinoamericana, tanto en cuanto a los lugares en los que habitan como en cuanto a sus condiciones profesionales, económicas y laborales. En términos más simples, sus preocupaciones son otras. Y cuando las preocupaciones y las necesidades básicas están resueltas, es posible dedicarse a otro tipo de búsquedas.

Al final, todo esto importa porque aplica igualmente para cada uno de nosotros. ¿Por qué creemos lo que creemos? ¿Por qué pensamos lo que pensamos? ¿Será que las ideas del conectivismo resuenan en mi porque además de hijo único soy bastante independiente? ¿Mis búsquedas personales tratan de compensar alguna carencia, o son parte genuina de un proceso de individuación? En esa medida, ¿hasta qué punto lo que pienso y lo que hago es de utilidad para otros?

Esta última pregunta tiene dos caras. Si se trata de mi presencia en línea, aplica lo que hace tiempo decía Gardner: las personas interesadas se identificarán a sí mismas. Pero si se trata del diseño de experiencias de formación docente el asunto se complica un poco, pues hay una responsabilidad tangible en el tipo de cosas que propongo a los docentes con los cuales trabajo.

A este punto, lo que importa aquí es cuidar que otras personas no terminen atrapadas en mis propias búsquedas, sino que tengan una estructura de base que les permita cuestionar su propia realidad y abordar sus propios caminos. Mirando hacia atrás, creo que es lo que he estado tratando de hacer desde hace tiempo.

Lo que hace retador esto es que no tiene que ver con contenidos ni con competencias. O al menos no de manera directa, pues podemos argumentar que cada elección de un contenido, de una competencia o de una actividad es un reflejo de una perspectiva acerca del mundo propia del diseñador, o en la que este actúa como caja de resonancia de otros intereses o necesidades que pueden ser totalmente personales (pero con frecuencia ‘invisibles’ para el mismo individuo).

Así que lo que tenemos aquí es un componente más del ‘crap detector’: mantener las alertas puestas en los contextos de los cuales provienen las ideas que nos seducen, y hacer una introspección permanente que nos permita (hasta donde sea posible) identificar cuáles son las búsquedas y conflictos personales que nos definen, y que no tenemos derecho de imponer a otros en nuestras actuaciones profesionales.

Nada nuevo. El proceso de descubrir quiénes somos en realidad sigue siendo la tarea más difícil de nuestras vidas. Sobre todo en un mundo y una época en los que podemos pasar toda la vida sin pensar en ello.

#1XD: 1 *producto/obra* al día #1XD130101

Tengo ganas de hacer ‘borrón y cuenta nueva’ en algunas de mis prácticas, a ver si genero nuevos hábitos.  Aunque algunos dicen que basta con 30 días para consolidar un nuevo hábito, me temo que nunca he tenido la disciplina suficiente como para verificar si es cierto o no.

Así que, tratando de desafiar a la evidencia general que indica que los propósitos de año nuevo se diluyen después de unas cuantas semanas, he decidido intentar la generación y publicación de *alguna cosa/producto* (una imagen, un post, un audio, etc.) cada día del año.  Es algo que quería hacer desde hace rato pero que se quedó siempre entre los pendientes, y que está inspirado en (el difunto) Daily Shoot y en (el muy activo) Daily Create. Si bien no es nada original, es bastante novedoso (y retador) para mi. Me tomó meses (en serio) encontrar un nombre que me gustara para hacer esto (Gabriella Sellart y Claudia Ceraso saben que esto estaba en mi to-do list desde hace mucho), pero hoy (1 de Enero) finalmente encontré uno que me gustó, lo cual interpreto como un buen augurio:

 

#1XD

1: Una imagen, un post, un audio, un video.  En general, una obra, un producto simple (NO un contenido, por el amor de Dios!).  /  x: por (ja)  /  D: día.  Adicionalmente, XD es un emoticón de carcajada, con lo cual el componente de diversión queda debidamente incluido.  “1 carcajada al día”, o algo así :)

 

Así que lo que voy a hacer es lo siguiente:

  • Tomar una foto cada día (por ahora sobre lo que quiera), o
  • Escribir un post cada día, o
  • Grabar alguna cosa cada día (o publicar algo existente), o
  • Alguna otra cosa que se me ocurra.

Luego de tener sea lo que sea, lo publico:

  • Si es una imagen, la subo a Flickr (nada de Facebook, gracias) y la etiqueto con los tags 1XD y 1XD<aammdd> (ej. 1XD130130). Como Flickr sigue proveyendo feeds RSS (felizmente!), así puedo recuperar luego tanto mis imágenes como las de (eventualmente) otros.
  • Si es un audio, estoy decidiendo. Es posible que lo suba a Soundcloud y le ponga la misma etiqueta, y que también lo suba a #reAprender radio (más sobre esto último después).  El audio (más allá del podcast) sigue siendo en buena medida el patito feo de la red, por alguna razón.. :)
  • Si es un video, YouTube es la opción inicial, usando las mismas etiquetas.
  • Como podría haber cosas efímeras (audio en vivo), lo que haría es dejar un registro escrito de lo que sea que hay hecho. Puede ser un tweet o un post, por qué no.  Sea lo que sea, que provea feeds públicos.
  • Al terminar, un enlace en Twitter con el hashtag correspondiente.
Después, eventualmente, podrías usar algún mecanismo de agregación para compilar el material y, por qué no, empezar a organizarlo en algún lugar más estructurado. Pero todo a su tiempo. Sin ninguna regla ni expectativa adicional. Sólo a ver qué ocurre.
Vamos a ver cómo resulta y cuánto tiempo dura. Lo positivo es que, al menos, ya doy un primer paso con la primera imagen incluida en Flickr: #1XD130101:

#1XD #1XD-20130101

Decidí que la imagen fuera autoreferencial. Una foto del preview de este post en la pantalla de un MCBPro tomada con un iPhone3GS y publicada usando la (nueva, dicen) aplicación de Flickr para iPhone (que todavía no me convence del todo, así que de golpe es preferible subir la imagen a través de Twitter para luego cargarla a Flickr), al inicio de la noche en algún lugar de San Jerónimo, a 45 minutos de Medellín.  Una foto nada buena y sin ninguna pretensión para el día de hoy. Mañana será otro día. :)

Felices Fiestas!

Este fue un año bastante pesado, lleno de cambios de todo tipo y que me deja más preguntas que respuestas, como para variar. Muchas de mis inquietudes y preocupaciones no llegaron a quedar registradas en este blog, en parte por razones de tiempo, en parte porque sigo cuestionándome frente a los memes que ponemos en el entorno. En parte, también, porque terminé sintiéndome un poco ‘culpable’ de andar escribiendo teniendo tanta cosa para hacer. Mi propósito de “menos charla y más trabajo” terminó cumpliéndose en exceso, me temo.

Tratando de cambiar esa sensación mientras combato a una gripa que llevaba algún tiempo latente, me decidí a elaborar una vez más un saludo de Fin de Año, construyendo sobre algunas ideas que había usado en 2009 y encontrando, finalmente, una excusa para hacer algo interesante en Prezi. Lo que me gustó es que logré hacer algo que no habría podido hacer de manera sencilla en otro medio, así que dependiendo del tiempo, tengo un punto de partida para explotar un poco mejor las posibilidades de esta herramienta en el año que entra.

Un poco del detrás de cámaras: Partí de una imagen pública de la Tierra, convertida en un mosaico usando Image Mosaic Generator y usada como ‘fondo’ en Prezi.  Teniendo la narrativa definida, me apoyé (como de costumbre) en FlickrCC para encontrar imágenes licenciadas bajo CC.  En todos los casos, las imágenes usadas contienen los enlaces de las fuentes originales. El reto aquí era encontrar un lugar del mosaico en el que la imagen quedara bien (en términos de color) y que no generara ruido en la secuencia de frames.

Debo decir que el mensaje me costó trabajo, pues es tradición que en épocas decembrinas los mensajes sean de buena voluntad y prosperidad para todo el mundo. El lío es que, después de este año, me siento más escéptico respecto a los cambios que la tecnología traerá a gran escala, y cada vez más alejado de las miradas utópicas.  O al menos, tecno-deterministas.  Hay grandes movimientos históricos de los cuales no somos realmente conscientes, que siguen configurando un panorama con brechas cada vez mayores, que no parecen solucionables con la tecnología. Lo cual no hace sino generar una responsabilidad aún mayor frente a las cosas que hago y digo.

Lamentablemente, el panorama macro sigue siendo poco alentador. Las narrativas e imaginarios de los cuales depende el statu quo están tan afianzados en nuestras cabezas y son tantas y tantas las capas de ruido cultural, social y psicológico involucradas que los cambios de fondo, los que realmente importan si en serio queremos una sociedad más justa, se vuelven bastante elusivos. Para ser precisos, siempre lo han sido.  Pero antes no era capaz de percibirlo.  Esa es la diferencia.

Tal vez el mensaje más crucial de este saludo es el de cuestionar todo.  No tragar entero y no ‘creer’ solamente porque un título, un cargo, un número de seguidores o algún otro tipo de autoridad artificial está de por medio.  Sobre todo si se trata de asuntos que tienen que ver con el funcionamiento de nuestra sociedad y de lo que significa ser humanos.  Sobre todo si se trata de discursos de ‘innovación’ o de ‘cambio’. Allí es donde más cuidadosos tendríamos que ser.

Es claro que enfrentarse con nuevos patrones de percepción no ha sido sencillo. Así como no es sencillo comprender las implicaciones y, sobre todo, el papel que cada uno de nosotros juega y qué podemos hacer al respecto. Felizmente, como decía alguien a quien aprecio en un sencillo correo, un nuevo año significa que tendremos 365 oportunidades para seguir aprendiendo, seguir comprendiendo, seguir preguntando y seguir intentando.

Así que sólo me queda agradecer a todas y cada uan de las personas que hicieron posible que este año que termina estuviera lleno de retos y de nuevas preguntas.  Felices Fiestas!

Qué estoy/estamos haciendo mal? #explorArTIC

Hace ya algunos años, un líder en el tema de comunidades de práctica (no, no voy a decir quién) me decía que muchas actividades en línea atraían a personas poco ocupadas (se refería incluso a desempleados) que necesitaban fortalecer sus redes personales y que, en consecuencia, a veces no compensaban el esfuerzo que  se ponía en ellas.  Siempre me quedé pensando en la veracidad de esta afirmación.

Si pienso en mi propio caso, tengo que admitir que múltiples razones limitaron mi participación en CCK08 y luego en ds106, para poner dos ejemplos.  Lo poco que pude estar me permitió percibir cosas que me llevaron a poner en marcha mis propios experimentos pero, a medida que el tiempo ha ido pasando, parece que estoy cada vez más ocupado (o mejor, con menos tiempo disponible) y, por ende, mis oportunidades de contribuir a experiencias en línea (y aprender de ellas?) se han limitado. De hecho, mi propia presencia en línea se ha visto afectada, como es evidente cuando se observa la frecuencia de actualización de este blog.

Lo cierto es que sigo viendo cada experiencia como una oportunidad de entender un poco mejor mis características y las del contexto, así como las limitaciones y debilidades de uno y otro.  Por eso quiero preguntarme en voz alta por qué #explorArTIC no está funcionando.

En primer lugar, tendría que analizar de dónde surge #explorArTIC.  A lo largo del último año y medio, a medida que completamos las primeras cohortes de ArTIC con el Plan Ceibal, apareció en algunas personas el interés por profundizar en los aspectos teóricos de lo que hicimos en ese curso. “Lo que hacemos en ArTIC está muy bien, pero qué bueno sería aprender más sobre estos temas del aprendizaje en red”, decían.

Pensando en ello, en conjunto con el Centro Ceibal nos lanzamos a crear una serie de grupos de estudio sobre aprendizaje en red, a la cual llamamos #explorArTIC.  La idea era (es) analizar a lo largo de varias semanas una serie de documentos relacionados con este tema, que ampliaran la perspectiva sobre diversos aspectos del aprendizaje en red.

…La idea era que fueran grupos con un bajo nivel de intensidad (máximo tres lecturas por grupo).

…La idea era que fueran grupos abiertos, en donde cualquier persona pudiera participar. Sin certificación , para disipar el fantasma de la evaluación y apelar al gusto por aprender de las personas.

…La idea era que los grupos nos permitieran seguir consolidando una comunidad de aprendices alrededor del tema.

Y ayer, estando en la mitad del tercer grupo de estudio, me encontré nuevamente solo en una sala de Elluminate, por tercera vez en este grupo, esperando con cada vez menos paciencia a que alguien se conectara. Francisco lo hizo a las 18:00CO. ¿Horarios cruzados por el cambio de hora en el sur? De pronto. Pero la situación terminó por animarme a escribir este post.

Si he de juzgar por lo ocurrido en las últimas semanas, tendría que decir que #explorArTIC no está funcionando.  O mejor, que no lo ha hecho de manera sostenida.  Del primer y segundo grupos quedaron discusiones y materiales muy interesantes.  Poco a poco hemos encontrado alguna tecnología que nos funciona mejor que otra para estar en contacto y participar.  Pero esto parece cada vez más un esfuerzo solitario… Y con tantas cosas que hay para hacer…

En todo caso, está abierta la duda de si podemos revertir esta situación.  Mejor (o peor?) aún, está abierta la duda de si vale la pena intentar revertirla.  Pero para hacer algo al respecto, es importante tratar de entender qué ha ocurrido.  Incluso si no hacemos nada al respecto, es importante tratar de entender.

Algunas especulaciones:

  • Aunque mi intención como facilitador ha sido que el asunto sea apropiado por otros y que otros se encarguen de moderar discusiones (por ejemplo), a este punto sólo ha habido una única sesión en la que Martina asumió el papel de moderadora.  De manera muy exitosa, por cierto.  Nadie más ha mostrado interés en asumir esta labor.  En consecuencia, seguimos dependiendo de un individuo (yo) para que el asunto avance.  Así que hay un problema de transferencia.
  • Pero no está de más decir que este individuo (yo) está contratado para liderar estos grupos, con lo cual hay una responsabilidad de proponer materiales, definir tiempos y mecánicas de discusión, moderar discusiones, etc. Pero también hay una intención de entregar control y construir comunidad. El lío es que esta situación ha generado una red centralizada.  Y todos sabemos lo que ocurre cuando el nodo central falla en una red de este tipo.
  • El nodo central (este individuo, yo) ha pasado por una suicida situación en estos meses: regresar del todo a Colombia después de cuatro años en Brasil (con todo lo que ello implica), tratando de sobrevivir en paralelo a diversos proyectos que están andando.  ¿Falla de juicio de este individuo? Probablemente.  Lo cierto es que esta situación, en especial a lo largo del último mes y medio, puede haber contribuido al proceso errático que hemos vivido en #explorArTIC.
  • La difusión no ha sido adecuada. Sin embargo, tenemos alrededor de 50 personas (una buena cantidad!) inscritas en el grupo. Pero la participación efectiva es marginal. Aquí juegan en contra las observaciones sobre participación en comunidades en línea (el 90/9/1). De 50 personas, 45 serían observadores (lurkers), apenas 5 estarían participando de manera más o menos activa y menos de uno (ja!) sería quién más contenido aporta.

Pero, un momento.  Si nos había ido razonablemente bien en los primeros dos grupos, ¿qué ocurrió en este? ¿Es sólo un problema de facilitación y transferencia?  Más especulación:

  • Tal vez la lectura que elegimos no fue la más adecuada para este nuevo grupo.  Sé de primera mano que Una introducción al conocimiento conectivo puede ser un documento pesado. Lo sé porque lo traduje, y porque sólo con la traducción logré empezar a entenderlo en detalle. Sin duda es mucho más pesado que un artículo de 4 hojas.  Para completar, ¡ni siquiera tiene agradables diagramas a color, como en el libro de George!
  • Tal vez la gente está demasiado ocupada en esta época del año. Verónica lo decía en Twitter de manera contundente. Lo que me devuelve al inicio de este post. ¿Será que las personas interesadas están excesivamente ocupadas en esta época?
  • Puede ser que la exploración del tema (o la misma exploración conceptual) no sea interesante para tantas personas.  ¿Será que nos hemos acostumbrado poco a poco, en este mundillo de la educación y la tecnología que se mueve a velocidad creciente, a dosis concentradas de aprendizaje/interacción/conocimiento (charlas TED de 20 minutos, conferencias en línea de 1 día, hangouts de 40 minutos, comunidades en donde sólo se compilan recursos, etc.)?  Tal vez varias semanas de estudio de un documento son demasiadas para nuestra capacidad/disponibilidad actual de atención.  ¿Tal vez bastaría con publicar un resumen en Slideshare?
  • Puede ser que la exploración conceptual no sea factible para muchas personas que podrían estar interesadas. Tal vez las condiciones reales de conectividad juegan en contra de este tipo de experiencias, en donde la presencia en una sala en línea parece tan determinante.
  • ¿O será un problema de flujo de información? Como lo vemos una y otra vez, la información fluye a una velocidad diferente en sociedades con alto nivel de conectividad.  Por una simple relación entre probabilidad de interés y cantidad de personas conectadas, es posible observar una respuesta mayor a este tipo de iniciativas en Norte América e Inglaterra, en especial.  Tal vez el grupo regional de personas interesadas en este tema todavía es muy pequeño, y la probabilidad de interés juega en contra.
  • Pero hay otro aspecto de este problema de flujo de información.  Uno es el acceso, el otro es el nivel de propagación de cierta información específica. Mi impresión es que este tema, como tantos otros, tiene un comportamiento similar al de una onda en el agua. Uno inicia en un punto, poco a poco se aleja de ese punto y se encuentra con otras ondas que generan interferencia (oportunidad de aprender, diríamos).  El asunto es que no todo el mundo parte del mismo punto, y que hay ondas que adquieren una prominencia altísima, incluso si representan algo más parecido al ruido.  Esto es visible con muchos temas del área de tecnología educativa, en donde el hype y los buzzwords terminan imponiéndose a otros asuntos.  Tal vez en la comunidad conectada hay otros temas más relevantes (o con más prominencia) en este momento. Tal vez #explorArTIC tendrá sentido (o no) en unos cuantos años…
  • En relación con lo anterior, no deja de ser llamativo que la mayoría de participantes sean personas que no son de Uruguay.  Tal vez el interés expresado por algunos pArTICipantes no era tan ‘fuerte’ (o factible en este momento).
  • Aunque el grupo que tenemos en Facebook funcionó bastante bien durante algún tiempo, tal vez algunas situaciones puntuales afectaron la interacción positiva que se venía produciendo. Considerando que lo que pasa en el grupo de Facebook también atrae (o repele) a otras personas, me pregunto si un grupo de este tipo tendría que tener reglas más focalizadas, que agreguen valor a los participantes…
  • Tal vez el formato de oferta de los grupos (abiertos, sin certificado) no ayuda en nuestro contexto. Una cosa es tener una masa crítica mínima garantizada por la zanahoria de un certificado, pues cuando se cuenta con ello los participantes en abierto tienen una dinámica a la cual unirse.  ¿Será que sin certificado es posible lograr una masa crítica? ¿Será suficiente la motivación, con el mundo tan ocupado en el que vivimos?

En general, hay dos áreas en las que se pueden identificar aspectos problemáticos: la facilitación y el contexto.  El alcance de la primera está definida por responsabilidades contractuales (y por buena voluntad e interés en que estos temas se desarrollen).  Sin embargo, el contexto juega un papel definitivo.  Si el contexto no está ‘listo’ (qué significa eso?), ninguna facilitación funcionará. Si el contexto está listo, el facilitador puede volverse prescindible (con el tiempo).

Es justo mencionar que a lo largo de explorArTIC hemos contado con el compromiso e interés de muchas personas (Martina Bailón, Verónica Perrone, Francisco Morfin, Edgar Altamirano, Machi Alonso, Luz Pearson, Paola Dellepiane, Vera Rex y Claudia Guerrero vienen a mi mente, entre otros).  También es importante señalar que aquí no hay un reclamo de ningún tipo, sino una reflexión en voz alta respecto a las razones por las cuales tenemos dificultades y las estrategias que podemos usar para superarlas.  Confío en que esta no es una inquietud solo mía, y que la reflexión puede ayudar a otros que enfrentan situaciones similares…

Comentarios y sugerencias, como de costumbre, son bienvenidos. ¿Qué hacemos para mejorar #explorArTIC?

UPDATE: Luz Pearson y Daniel Jimenez han escrito entradas que dan continuidad a este texto.  En conjunto con Paola Dellepiane, Francisco Morfin, Machi Alonso y Matías Toledo (via twitter) y Verónica Perrone, Rosana Cabrera y Flor María Solari (en los comentarios de esta entrada),  la discusión continúa.  El martes 13 de Noviembre llevaremos a cabo una sesión en línea para continuar conversando al respecto (y ojalá, para empezar a delinear conclusiones).